miércoles, 9 de mayo de 2012

“Tenía mucho gol y fue clave en mi carrera”


La carrera futbolística de Oscar Alberto Massei ha sido vertiginosa. De su debut prematuro en Centro Cultural Alberdi a Rosario Central y del “canalla” rosarino un vuelo directo al Inter de Milán para solidificar en la península itálica una formidable carrera en el Spal de Ferrara en donde se transformó en ídolo y figura. La historia del primer riocuartense que trasladó su fútbol potreril de barrio Alberdi al viejo mundo con un aliado imprescindible: el gol.

“Todo pasó muy rápido en mi vida futbolística. De Alberdi a Rosario Central y de ahí directamente a Italia para vestir la camiseta del Inter de Milán. Del verano argentino al invierno italiano. Llevé ropa de verano y cuando llegué hacía frío”. Con esas palabras define Oscar Alberto Massei su vertiginosa carrera.
Pero al recordar su trayectoria se encarga de aclarar un aspecto que fue fundamental en su desarrollo futbolístico: su capacidad goleadora. “A pesar de ser insider izquierdo (mediocampista ofensivo) tenía mucha llegada al gol y eso fue clave en mi carrera”.
Oscar Alberto Massei nació el 29 de septiembre de 1934 en Pergamino, provincia de Buenos Aires, pero cuando tenía apenas cuatro años de edad llegó a Río Cuarto porque su padre fue trasladado para que trabaje en el ferrocarril que funcionaba en la ciudad. En los potreros de barrio Alberdi Massei comenzó a sentir la pasión por el fútbol y en Centro Cultural empezó a formar su camino que lo llevaría a transformarse en el primer futbolista de Río Cuarto en jugar en el fútbol internacional.
“Con los chicos del barrio nos gustaba jugar al fútbol en las calles a la hora de la siesta. Fue una infancia muy linda la que viví, no nos sobraba nada pero nunca nos faltó lo esencial”, cuenta Massei al explicar su primeros años transcurridos en el populoso barrio Alberdi.
Siempre se destacó por su altura lo que lo llevó a evolucionar futbolísticamente rápidamente y a los 16 años ya jugaba en la primera división de Centro Cultural Alberdi. En el “mercedario”, a pesar de ser uno de los más jóvenes del plantel, se constituyó como uno de los mejores de su equipo. Como mediocampista ofensivo que se movía por el sector izquierdo, Massei le aportó mucho gol a su elenco y, con apenas 17 años, fue observado por Rosario Central que ya pertenecía al círculo mayor del fútbol argentino.

Romperedes “canalla”
En 1951 Rosario Central ya competía en el círculo máximo del fútbol argentino y comenzaba a transformarse en uno de los elencos más representativos del país. En ese contexto es que el “canalla” decide comenzar a sumar a valores futbolístico del interior del país.
Hasta Centro Cultural Alberdi se llegaron los directivos de Rosario Central para observar a dos jugadores que en la primera del “mercedario” empezaban a demostrar un juego de otro nivel: Juan Carlos Albelo y Oscar Alberto Massei.  
“Las cosas del fútbol hicieron que el sólo Massei triunfara en el fútbol porteño, al consagrarse goleador del ataque rosarino. Su pase costó nada más que $ 30.000. Por otro lado, Albello regresó porque no rindió lo que se esperaba, y continuó su larga trayectoria (jugador, entrenador, árbitro) entre nosotros”, cuenta el historiador Omar Isaguirre en una nota publicada en diario Puntal.
En su primera etapa en el “canalla” Massei jugó en el equipo que disputaba la Liga Rosarina y luego de varios partidos con buen desempeño debutó en reserva en la cancha de Boca Juniors. “Haber debutado en la Bombonera fue algo muy emocionante porque era hincha de Boca Juniors”, explica Massei. Y agrega sonriente: “Fue todo muy rápido. Del campito del Alberdi a la Bombonera”.
En la máxima categoría debutó el 12 de abril de 1953 en el partido que Rosario Central disputó ante Racing Club de Avellaneda. Massei reemplazó al histórico delantero Eduardo Di Loreto y no relegó su puesto nunca más. “Jugaba de volante por la izquierda pero empecé a meter muchos goles lo que les llamó la atención y me pusieron de centrodelantero”, cuenta Massei al explicar cómo fue su llegada a la máxima categoría del “canalla”.
En su primera temporada anotó 13 goles, en 1954 convirtió 10 y en 1955 fue el goleador del campeonato al marcar 21 tantos. En sus ochenta partidos disputados en primera división, Massei anotó 44 goles con la característica que les marcó a los cinco equipos grandes del fútbol argentino.

Directo a la península itálica
Su gran rendimiento hizo que el Internacional de Milán se fijará en él rápidamente. Fue el ex jugador Attilio Demaría quien lo observó y le propuso ser jugador del elenco italiano. Demaría (captaba jugadores en la Argentina para ofrecerlos al fútbol de la península era un ex jugador argentino nacionalizado italiano que jugó en el Inter y en 1934 disputó el Mundial con la casa de Italia) le preguntó si deseaba ir a jugar al Inter y ni lo dudó.
“Inmediatamente le dije que sí. Aunque tuve que dejar de lado otras cuestiones”, explica Oscar Massei. Se refiere a su renuncia a la Selección Argentina que se estaba preparando para disputar los Juegos Panamericanos 1955 que se celebrarían en el Distrito Federal de México. “Cuando recibí la oferta del Inter decidí renunciar a la selección porque priorice la situación personal. Era oferta que en ese momento no quise dejar pasar. Mi decisión no les gustó a los dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino y se negaron a entregarme el reconocimiento por haber sido el goleador del campeonato de Primera División A de 1955”, explica.
La AFA se expresó de la siguiente manera: "En consideración al legítimo derecho de un jugador profesional a mejorar notoriamente su situación económica" autoriza la transferencia pero al mismo tiempo deplora la actitud del club de transferir a un jugador imprescindible para la Selección Nacional.
La venta de Massei al fútbol italiano significó un importante precedente en el fútbol nacional y en el seno de Rosario Central” se generó una conflictiva situación porque varios hinchas se manifestaron en contra de la venta del riocuartense que a esa altura era uno de los ídolos de la afición rosarina.
El presidente Federico Flynn dispuso que los socios plebiscitaran la venta. El 21 de diciembre de 1955 se produjo la votación: 552 votaron por el sí, 436 por el no. Oscar Alberto Massei tenía apenas 21 años cuando dejó Rosario Central y se sumó a las filas del conjunto italiano quien lo adquirió por $ 2.250.000. Gran parte del dinero fue afectado para la construcción de una tribuna alta en Arroyito y para la compra de jugadores.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de marzo de 2012.

“El deporte en particular fue lo que de alguna manera me salvó”


“Corre por una razón”, reza el eslogan de la maratón llevada a cabo en Islas Malvinas el 18 de marzo, organizada por el Standard Bank. Quizás la razón principal para Ever Moriena sea la vida misma. Ex combatiente en las Islas, no regresó tras la guerra hasta esta ocasión atlética. “El deporte en particular fue lo que de alguna manera me salvó, me sacó de momentos intensos de crisis como fue hasta la tentativa de suicidio dos años después de la Guerra, que un día dije ‘bueno, hay que honrar la vida’. Si los ingleses no pudieron por ahí, por algo será. Por ahí Dios nos da y nos quita en iguales proporciones”, reflexiona Moriena.
No sólo participó de la competencia de 42 kilómetros que comenzó en Puerto Argentino, sino que llegó entre los 20 primeros. “Esta carrera para los veteranos tiene un contexto muy especial, en el sentido que uno va a Malvinas y no corre con las piernas, corre con el corazón, corre con el alma”, remarca Ever y, sobre las características objetivas del trayecto comenta: “La maratón de Malvinas es muy particular como recorrido, porque es de 42 kilómetros con muchas subidas y bajadas largas y un viento de 70 km, cosa que es prácticamente única en el mundo por estas características. Lo que la hace una maratón muy difícil y que los profesionales que corrieron emplearon en su mayoría emplearon entre 20 y 25 minutos más de su tiempo real”.

¿Cuál fue la sensación de volver a las Islas y de correr?
Son muchas. Yo llegué el día antes de la carrera, unas horas antes. Es decir, que todo lo que iba a ver de Malvinas, a lo largo del recorrido (que pasó por mi posición en el aeropuerto, dónde combatí por primera vez, en Sapper Hill donde fue mi segundo combate en primera línea) lo viví corriendo. Entonces hubo un montón de momentos que tenía que separar la emoción con la carrera en sí porque sentía que me quitaba fuerza. Fue una carrera muy particular donde uno conjuga toda una vivencia y los sentimientos de país, todo lo que significó Malvinas no solamente en el ‘82. A mí me significó 30 años con 20 años de olvido, porque prácticamente el 2 de Abril se empezó a recordar hace 10 años. A nivel deportivo fue algo lindo porque uno puede, además de tener todo este tipo de ingredientes particulares, a los 50 años todavía tener una performance de 3 horas 49 minutos, en un lugar donde profesionales, de 2 horas 15 minutos, le pusieron 2’45”. Entonces volví satisfecho por un montón de cosas: correr con un viento de 70 kilómetros no es fácil: llega un punto en que los pies se golpean entre sí y no te dejan avanzar; es más, había lugares que las botellas que te daban estaban dentro del celofán, del envoltorio de 12 botellas y no las sacaban de ahí porque se las llevaba el viento, llenas de agua. Nosotros que estuvimos en Malvinas, sabemos que ahí, es ese viento. Fue una emoción muy grande porque pude cruzar la línea de meta con la bandera de Río Cuarto porque no me dejaban llevar la bandera argentina. Nos pidieron que no hagamos manifestaciones con la bandera argentina porque la gente que estaba esperando podía tener alguna reacción adversa o sentirlo como una provocación. Yo había llevado la de Río Cuarto: no es celeste y blanca, pero como está en Argentina. Llegué con la bandera de Río Cuarto a la llegada y fue la forma de rendirle un mínimo homenaje a los riocuartenses y a los argentinos: a mis compañeros veteranos, tanto quienes están vivos como los 649 caídos.

Los habitantes de las Islas, ¿cómo los han tratado?
Muy bien. Yo llego a las Islas y ya tenía una invitación del gobernador de las Islas para tener un “lunch” el día lunes. El trato fue cordial durante toda la estadía en las Islas. Es decir, mucho más cordial de lo que imaginábamos porque por ahí hubo detalles que no eran necesarios. En un pub estábamos con mis compañeros, festejando el triunfo de la categoría por postas con cuatro veteranos que la integraban, donde hacía 10 kilómetros cada uno, y la ganaron los cuatro veteranos a gente de 25 años menos. Estábamos festejando eso en el pub y llega un momento que el Disc Jockey para la música; estábamos los veteranos por un lado, los Kelpers por otro y junto a los Kelpers estaban los veteranos ingleses. El Disc Jockey pone el tema Hermanos en Armas de Dire Straits y un video en la pantalla gigante de la guerra de Malvinas. A lo largo de todo el video pasan ellos enterrando sus muertos, sus barcos hundiéndose, los soldados argentinos combatiendo, cosa que no hemos visto en ninguno de los videos. Y pasan un soldado de ellos con frío y cubierto detrás de una piedra con cara de miedo tanto como nosotros. Por ahí que la gente dice “los chicos de la guerra” y demás, una de las anécdotas que más me llenó en ese momento fue que cierra el pub y uno de los veteranos nos invita a la casa. Ahí seguimos charlando, compartiendo cosas, las vivencias de la guerra. A las cuatro de la mañana, con algunas cervezas, me saluda y me apunta con el dedo así en el pecho y me dice “you are no children, soldier”, “ustedes no fueron chicos, fueron soldados”. Entonces a lo largo de toda la estadía, el enemigo no fue más que reconocimiento y respeto. Asique, uno se trae estas cosas agradables que al margen de si mañana las Malvinas van a volver a ser argentinas o no, eso no lo sabemos y está muy lejos. Pero uno ve todo este respeto que ha tenido el enemigo para con nosotros y por ahí, incluso en nuestro país 30 años después estamos peleando al menos para que se nos encuadre de alguna manera como soldados que combatimos por nuestro país y no como chicos que fuimos allá con hambre, frío y miedo, y no hicimos nada. Ellos, a lo largo y a lo ancho de las Islas, tienen monumentos de sus caídos, por todos lados. Y eso no lo hicieron porque les agarró un infarto sino porque hubo balas argentinas que los mataron. Entonces vos ves todo eso y de alguna manera te reconforta saber que uno lo que hizo lo hizo dejándolo todo y el enemigo, los ingleses tuvieron más bajas en la Guerra de Malvinas que en las dos Guerras del Golfo. Los ingleses tuvieron 83 bajas en las dos Guerras del Golfo y tuvieron 260 declarados en Malvinas.

Pero además de sensaciones encontradas, Moriena se trajo de las Islas un trozo de tierra y piedras del cementerio: “El pedazo de tierra fue simbólico porque es decir ‘tengo un pedacito de Malvinas en mi casa’ y lo compartí con la Municipalidad porque fueron los que de alguna manera apoyaron esta iniciativa durante todo el tiempo. El pedazo de tierra es el trofeo más grande que uno puede traer cuando va a Malvinas, sea deportista o no. Es muy difícil pasar un pedazo de tierra, porque amigos no lo pudieron pasar y se lo sacaron en los controles que hacen a la salida de Malvinas. Además traje un puñado de piedras del cementerio. Un puñado de piedras que para mí tienen una representación muy particular porque es la piedra de la tumba de mis amigos que fallecieron en combates. Un poco de piedras que repartí junto con la turba”, comenta Moriena y explica la modalidad de paso de los objetos: “Las piedras las repartí dentro de las zapatillas que traía para correr y la turba la puse dentro de unas bolsas que llevaba para poner las cosas para correr. Es cuestión de suerte de quien te toque en el control, que sea muy minucioso, que tenga muchas ganas de trabajar o no. Yo logré pasarlas”.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de marzo de 2012.

Fueron tapa


El antropólogo Eduardo Archetti reflexiona en su trabajo “Estilo y virtudes masculinas en El Gráfico: la creación del imaginario del fútbol argentino”  que el análisis de la revista es, en consecuencia, el análisis de la construcción del imaginario masculino de clase media y que no puede su influencia decisiva en la definición de los campos de reflexión morales masculinos. Archetti profundiza su trabajo al decir que los periodistas de El Gráfico permiten la expresión y la difusión de las voces, las imágenes y las performances de los deportistas que pertenecían a los sectores populares urbanos más desfavorecidos.
Para estos deportistas ser tapa de El Gráfico era como colgarse una medalla que les daba ese  triunfo anhelaban: ser aceptados socialmente.
En sus 92 años de vida fueron varios los deportistas de Río Cuarto y la región que lograron ser tapa de El Gráfico. En diferentes épocas y con disímil presencia, representantes de nuestro deporte dijeron presente en la revista deportiva más importante de la Argentina.
El riocuartense que marcó la tendencia y se transformó en un deportista ilustre para El Gráfico fue el polista Manuel Andrada. Ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 con el elenco argentino de polo y uno de los polistas más destacados de la historia, Andrada fue seis veces tapa. En la edición 386, del 27 de noviembre de 1926, fue por primera vez tapa en la que se lo destaca como uno de los grandes polistas de la década del veinte. Cinco años después, el 3 de enero de 1931, aparece en la edición 599 junto a otras figuras del deporte fue tapa de la revista que llevó como título “Las grandes figuras del deporte argentino en 1930”.
Pero fue el mejor deportista riocuartense de todos los tiempos el que salió en mayores oportunidades. Hablamos de Pablo Aimar quien fue catorce veces tapa de El Gráfico luciendo las casacas de la Selección Argentina, River Pate y el Valencia de España.
Su primera aparición fue el 11 de febrero de 1997, en la edición 4036, luego de consagrarse campeón en el Sudamericano Sub 20 disputado en Chile. Aimar aparece en una producción junto a Juan Román Riquelme, Diego Markic, Esteban Cambiasso y Diego Placente. Ese mismo año, en la edición 4057 - 8 de junio de 1997 - aparece junto a integrantes del elenco campeón del mundo en Malasia. José Pekerman, Riquelme, Placente y Cambiasso acompañan a al futbolista riocuartense.
Pero la más representativa es la tapa del 19 de octubre de 1999 - edición 4176 - , cuando River Plate venció 2 a 0 en el clásico a Boca Juniors y en donde Pablo Aimar anotó un gol de gran factura. En la imagen aparece el futbolista gritando eufóricamente su tanto con el título “Cargame ahora”. Otra de las ilustraciones que denota un gran significado en la que se editó el 20 de febrero de 2001 - edición 4246 -. Con el título “De otro calibre” aparece un Aimar de espaldas con la casaca número 22 del Valencia, club en donde el riocuartense se transformó en ídolo y figura.
Pero, además de Andrada y Aimar, otros deportistas de la región se destacaron en la página principal del semanario deportivo.
El 31 de agosto de 1951 - edición 1673 -   el boxeador Ángel Olivieri aparece posando con una leyenda que destaca que es un boxeador profesional argentino peso liviano. El 16 de diciembre de 1955 el futbolista Oscar Alberto Massei aparece en la edición 1895 portando la casaca de Rosario Central.
En la década del sesenta fue el futbolista Anacleto Peano el que salió dos veces. El 19 de octubre de 1960 – edición 2143 – aparece con la casaca de Newell’s de Rosario y el 26 de junio de 1961 con la de Racing Club de Avellaneda.
En 1974, fue el goleador Juan José Irigoyen el riocuartense que fue tapa de El Gráfico. En la edición 3586 del 14 de agosto, el “Jota” aparece junto al “Gringo” Scotta luciendo la camiseta de San Lorenzo de Almagro. El 6 de diciembre de 1977 - edición 3035 - el que figura es el Miguel Ángel Laciar jugando para Belgrano de Córdoba.
El oriundo de Alcira Gigena, Eduardo Saporitti salió en dos oportunidades con la casaca de River Plate. En la navidad de 1979 - edición 3142 - salió posando junto al plantel campeón y el 8 de abril de 1986 aparece junto a Norberto Alonso y Néstor Gorosito festejando un gol del “Beto” en la Bombonera.
El único arquero de la región que fue tapa de El Gráfico es César Labarre. El 28 de junio de 1988 - edición -,  el futbolista nacido en Holmberg aparece festejando la clasificación de San Lorenzo a la Copa Libertadores de América. El dato es que la publicación de Editorial Atlántida lo denominó “Lavarré”.
Otro gigenense que fue tapa es el delantero Martín Cardetti quien en cinco oportunidades fue tapa de la publicación vistiendo la casa de River Plate. Héctor Bracamonte apareció en El Gráfico. En octubre de 2002 - la publicación ya era mensual y fue la edición 4307 – aparece en una graciosa producción junto al paraguayo Héctor Cuevas. Bajo el título “Locos lindos”, el “Popi” luce la camiseta de Boca Juniors mientras que “Pipino” la de River Plate. También aparecen en la revista pero con una presencia secundaria los futbolistas Héctor Pitarch y Cristian Sánchez Prette.

El legado del gran Dante


Cuando Dante Panzeri falleció a causa de un cáncer con el que luchó hasta el último día de su vida, la Junta Militar que comandaba al país festejó. Sin tener que ver con ella, los militares se alegraron con el deceso de Panzeri  porque portaba un título simbólico: era el único periodista deportivo de la Argentina que se había opuesto al Mundial de fútbol Argentina 1978.
Para alegría de los dictadores genocidas, Dante Panzeri se fue un 14 de abril de 1978 – faltaban 56 días para el evento ecuménico - pero para inmensas generaciones de periodistas deportivos su estilo irrepetible permanecerá por siempre vivo.
Según el periodista Pablo Llonto, Panzeri tenía el enorme atributo de la clarividencia. En 1975 advirtió que hacer el Mundial le va hacer muy mal a los argentinos, especialmente si lo ganamos y afirmaba que sería utilizado políticamente por el Proceso de Reorganización Nacional. Los hechos demostraron que no se equivocó. Años antes había anticipado que la Ciudad Deportiva de Boca que prometió construir Alberto Armando – con estadio flotante incluido – sería otro de los grandes desengaños argentinos.
A 34 años de su muerte, es notoria su ausencia. Hoy, ante un periodismo deportivo que bastardea continuamente su ética y su dignidad, Dante Panzeri más que nunca hace falta. Hacen falta su compromiso, su pluma precisa y filosa, su valentía para combatir y denunciar la obsecuencia, la ignorancia y la tendenciosidad de periodistas, directores técnicos, dirigentes y demás personajes que rodean al fútbol.
Nacido en Las Varillas en 1923, se inició en el periodismo en el diario La Voz de San Justo de la ciudad de San Francisco. Desde 1942 y por veinte años trabajó en la revista El Gráfico. En la década del cincuenta llegó a ocupar el puesto de director.
Cuestionado por los poderosos de la época debido a que introdujo la crítica sin hacer distinción, en agosto de 1962, renunció a la revista por una marcada diferencia con las autoridades de Editorial Atlántida. “Fue el más feroz crítico de la corrupción que ocupó al fútbol en varias esferas. Su principal virtud era su visión para anticiparse a los acontecimientos y a las causas de las crisis en el fútbol, cada vez más transformado en un negocio”, lo describe actualmente el sitio www.elgrafico.com.ar.
“Ácido, gruñón, avasallante y muchas veces duro con sus compañeros, Panzeri, no era precisamente un periodista de izquierda. Los pocos colegas revolucionarios que lo admiraban, sostenían que su talón de Aquiles era un sospechoso tufillo autoritario”, resaltó Pablo Llonto. Mientras que José María Suárez, compañero de Panzeri en La Prensa, “su ideología política era todo un misterio. Murió sin que ninguno de sus amigos supiéramos a quién había votado. Decía que era uno de sus secretos y eso le permitía tener independencia para criticar a quien quisiera”.
Además de su análisis crítico que permanecen en el archivo de los medios en los que trabajó, del legado de Panzeri nos quedan sus libros: “Burguesía y gangsterismo en el deporte” y “Fútbol, dinámica de lo impensado”. Pero también permanecerá perpetuas sus interesantes reflexiones: “El deporte es política y debe serlo hasta las consecuencias más positivas. "Considero que política es toda actitud filosófica, idealista, doctrinaria, artística, estética, o ética, frente a la vida y a las cosas que el hombre enfrenta al vivir. Política es todo aquello que haga una conducta; un comportamiento humano; desde lo más intimo a lo más público. Desde el interior de nuestras casas hasta la casa del gobierno del Estado Administrador. Por eso creo que deporte es política. Y está bien que lo sea”.

Imaginario deportivo


Cuando el viernes 30 de mayo de 1919 la revista El Gráfico llegaba a las calles, Constancio Vigil nunca imaginó que su creación se transformaría en el gran hito de la prensa gráfica argentina en el ámbito del periodismo deportivo. En un principio fue un semanario de interés general, que nació como "ilustración semanal argentina". La publicación tardó años en adoptar su perfil definitivo en donde fue ganando prestigio y reconocimiento mundial. Se convirtió en un clásico en un país que se aferra en el deporte, tanto que llegó a ser llamada “La biblia del deporte”.
“A partir de 1921, El Gráfico, paulatinamente, se transforma en una revista de deportes, aunque las fotos de mujeres artistas y cantantes, e incluso algunos atrevidos desnudos de bailarinas desconocidas y supuestamente extranjeras, se mantendrán hasta finales de la década del '20. La tirada de El Gráfico aumentará en esta década y se estabilizará en los 100.000 ejemplares en la del '30. La revista alcanza su apogeo a partir de mediados de los '40 y hasta mediar los '50, con una tirada de 200.000 ejemplares por semana”, explica Eduardo Archetti1.
De todas formas, en sus primeros 40 años de vida, la revista reflejó al deporte de una forma particular, que Archetti rescató de la siguiente manera: “El Gráfico puede ser, sin lugar a dudas, considerado como el semanario deportivo producido por la clase media con más influencia en la Argentina. El análisis de esta revista es, en consecuencia, el análisis de la construcción del imaginario masculino de clase media. Su carácter de hegemónico no puede, indudablemente, discutirse, pero no su influencia decisiva en la definición de los campos de reflexión morales masculinos. Los periodistas de El Gráfico, excelentes escritores en su mayoría, reflexionan como miembros de la clase media pero, al mismo tiempo, permiten la expresión y la difusión de las voces, las imágenes y las performances de los jugadores de fútbol y otros deportistas, especialmente boxeadores que, en su gran mayoría, pertenecían a la clase media baja rural o urbana o, directamente, a los sectores populares urbanos más desfavorecidos”2.
La revista dio un importante giro editorial con el arribo de Dante Panzeri, en 1959, en la dirección periodística. A Panzeri le bastaron unos pocos años al frente para dejar un sello inconfundible. “Dante fue, además de periodista, un “despertador de lectores”. Quien buscara periodismo pasatista estaba fregado. No era posible “mirar” lo que escribía Panzeri. Había que leer”3, escribió Diego Bonadeo, quien ingresó a El Gráfico cuando era conducido periodísticamente por Panzeri.
En 1963, con el alejamiento de Dante Panzeri y la llegada a la dirección de Carlos Fontanarrosa, se produjo un antes y un después en el tratamiento informativo de la publicación deportiva. Empezó a predominar el periodismo espectáculo. Cuenta Bonadeo: “En 1963 se interrumpía la chance de cambiar el periodismo nacional desde la revista deportiva más prestigiosa del país con la ida de Panzeri y la llegada del mentor del periodismo basura en la Argentina, Carlos Fontanarrosa. La implantación de la tilinguería y el amarillismo presagiaba tiempos peores.”4.
Es en esta etapa cuando comienzan a prevalecer los intereses políticos que le permitieron a las arcas de Editorial Atlántida obtener importante aportes financieros pero que le costó una significante pérdida de credibilidad.
“La dirección de la Editorial Atlántida estaba fuertemente relacionada con la dictadura y los negocios alrededor del Mundial 78. El Gráfico fue la revista “oficial” del torneo y fue servil con la dictadura para comunicar sus obras de gobierno. Que la Argentina saliera campeón, era un negocio para muchos”, escribió Leandro Zanoni5.
Pero El Gráfico fue más allá de lo puramente comercial y generó grandes controversias periodísticas al publicar una carta que el jugador holandés Rudolf Josef Krol le escribió a su hija contándole, entre otras cosas, que los comentarios que escuchaba en Europa eran falsos, ya que en la Argentina “Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esta no es la Copa del Mundo sino la Copa de la Paz. No te asustes si ves algunas fotos de la concentración con soldaditos de verde al lado nuestro. Son nuestros amigos, nos cuidan y nos protegen. Pero aquella carta jamás existió. Todo había sido un perverso invento del periodista Enrique Romero6.
Las estrechas relaciones le significaron a Atlántida grandes ganancias monetarias. El periodista Sergio Levinsky analizó las ventas del semanario antes y después del Mundial 78: 146.700 ejemplares vendidos antes y 373.325 un mes después, ya con el equipo campeón7.
Cuando la Argentina fue campeón del Mundo en 1978, la venta superó los 800 mil ejemplares. Pero la fue la edición que reflejó la conquista del Campeonato del Mundo de México ‘86, en junio de ese año y con Diego Maradona en la tapa, vendió 880 mil ejemplares, el record de todas las épocas.
Identificados editorialmente con el menemismo y con Constancio Vigil (h), titular de la Editorial Atlántida, en lo más alto de la esfera del fútbol mundial al ocupar un cargo en la Comisión de Prensa de la FIFA, fue en la década del noventa cuando comenzó a precipitarse la mítica publicación.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de marzo de 2012.

El deporte no paró


Cuando Leopoldo Fortunato Galtieri impulsó la fatídica idea de recuperar las islas del Atlántico Sur ocupadas por Inglaterra desde 1833 todo un país se encolumnó detrás de esta gesta que abrió una inmensa herida que hasta el día de hoy no cesa de sangrar.
El deporte - principalmente el fútbol - es una herramienta de poder y distracción que muchos gobiernos han utilizado para desviar la atención de la sociedad, sin que la gente pueda estar al tanto de los desmanes que ellos cometían. Durante la Guerra de Malvinas no fue la excepción.
A pesar de que en las islas miles de jóvenes argentinos ponían en riesgo su vida por un gobierno que utilizó a la Guerra de Malvinas como estrategia política y de perpetuidad, en el país los campeonatos de fútbol no se paralizaron y continuaron con toda normalidad. 
El partido entre Central Norte de Salta y Mariano Moreno de Junín quedó registrado como el único disputado de manera oficial un 2 de abril, el día del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas. El partido, válido por la por la novena fecha de la Zona C del campeonato Nacional 1982, terminó 1 a 0  a favor del “cuervo norteño”.
Además de ese encuentro, todos los equipos de primera división saltaron a la cancha para completar a lo largo del fin de semana la jornada nueve del fútbol mayor organizado por AFA que ya era presidida por Julio Grondona. El ente madre del fútbol nacional tenía fuertes intereses y resultó ser funcional al régimen militar que comandó la época más oscura de nuestra historia.
Días después, la AFA decidió cambiar el nombre del Torneo Metropolitano del ‘82 por el de “Malvinas Argentinas”. Una semana más tarde modificó la denominación por “Soberanía argentina en las Islas Malvinas”. Fue tanta la normalidad de los hechos que en plena guerra River y Boca jugaron el clásico a cancha llena.
Además, el máximo organismo del fútbol argentino realizó su aporte al Fondo Patriótico Nacional (ver nota El fondo del fraude). Desde las estructuras afistas se desprendieron 100 millones de pesos de la época para aportar a la causa. Futbolistas Argentinos Agremiados también colaboró, el 26 de abril organizó un partido en el que se recaudaron 190 millones de pesos, pero los verdaderos destinatarios no percibieron lo recolectado.
La guerra de Malvinas comenzó en vísperas del Mundial de España 1982. El torneo ecuménico comenzó en junio y más allá de que la Argentina estaba protagonizando el conflicto bélico, la selección albiceleste viajó a defender el título obtenido en 1978. El 13 de junio de 1982 Argentina perdió 1 a 0 ante Bélgica en el primer partido de la Copa del Mundo. Dos días más tarde el general Mario Benjamín Menéndez se rendía ante su par inglés Jeremy Moore y ponía fin a la Guerra de Malvinas.
A lo largo de la máxima cita mundialista el consecuente relator José María Muñoz  no mencionó la palabra Inglaterra en sus relatos radiales desde tierras ibéricas. “Los rojos esta tarde juegan a la carga”, se escuchaba en el partido entre Inglaterra y Alemania por Radio Rivadavia.

En Río Cuarto tampoco
A la ciudad de Río Cuarto la Guerra de Malvinas la atravesó directamente porque un total de ochenta riocuartenses participaron en el combate. En la actualidad muchos de ellos son los que conforman la Agrupación de Veteranos de Guerra de Malvinas Virgen del Rosario. Desde ese lugar reivindican y contienen al numeroso grupo de jóvenes que hace 30 años partieron hacia las islas del Atlántico Sur a defender una gesta digitada por un grupo de dictadores ostentosos de poder.
El 2 de abril de 1982 cuando ellos emprendieron su lucha para recuperar las islas Malvinas, en la ciudad de Río Cuarto se continuaron realizando actividades deportivas normalmente.
La noche del viernes tuvo dos eventos que no pasaron desapercibidos en el ambiente deportivo de la ciudad. En el gimnasio de Acción Juvenil se enfrentaron Asociación Atlética Estudiantes y Gorriones Rugby Club buscando la clasificación al Torneo Provincial de Básquetbol de 1982. El partido comenzó a las 20:30 y fue triunfo del “celeste” 74 a 63.
En esa misma jornada, pero desde las 22:00, en el Anfiteatro Municipal del Parque Sarmiento se realizó una velada boxística que contó con la presencia de dos los mejores exponentes con los que contaba Río Cuarto en ese momento: Raúl Roque Bianco y Hugo Emer. Según reza el diario La Calle del 3 de abril de 1982 mucha gente participó del festival en donde Bianco apabulló a Hipólito Núñez. Por su parte, Hugo Emer no pudo vencer a Julio César Sabal.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de marzo de 2012.

Deporte para el desarrollo


La Dirección de Educación Física, Deportes y Recreación de la Universidad Nacional de Río Cuarto impulsa un programa integral educativo a través de la práctica deportiva y recreativa destinado para la comunidad riocuartense. Sin dejar de lado la competencia a través del deporte federado promueve proyectos deportivos que priorizan la salud y la integración de sus participantes.

El acceso al deporte no es sólo un derecho, sino que además es un importante factor de integración social y desarrollo humano que permite transmitir valores esenciales para la vida en sociedad. Además, posibilita generar oportunidades educativas integrales para contribuir a la formación psicofísica de los individuos y a la adquisición de hábitos saludables que mejoren la calidad de vida de las personas.
Por ello, al constituirse como instituciones que tienen la obligación de formar profesionales, las universidades públicas deben concebir en su estructura un plan integral educativo, esto significa que deben formar estudiantes no sólo en las aulas sino también fuera de ellas a través de diversas actividades. Y es ahí, donde juegan un rol substancial las acontecimientos deportivos y recreativos.
No quedan dudas, porque las investigaciones, pero principalmente la realidad, así lo indican, que la actividad física, recreativa y deportiva se establece como uno de los más significativos factores que conlleva a la integración educativa. Pero también el deporte universitario es integrador social ya que involucra a la sociedad en su conjunto en este movimiento deportivo.
En la Universidad Nacional de Río Cuarto (U.N.R.C), a través de la Dirección de Educación Física, Deportes, y Recreación dependiente de la Secretaría de Bienestar, el deporte es considerado, desde hace mucho tiempo, un aspecto importante en su funcionalidad porque institucionalmente es utilizado como un método al que acceden un gran número de personas; muchos de ellos con vinculación universitaria pero otros tantos que, a pesar de no tener una participación activa con la casa de altos estudios, recurren para beneficiarse con sus opciones deportivas y recreativas.
“El objetivo de esta gestión, que tiene en cuenta el objetivo fundacional de la Secretaría de Bienestar, es consolidarse como un área de servicio que tenga una oferta para toda la comunidad. Sabemos que la página del deporte federado y no federado de nuestra Universidad está muy bien escrita. Ahora debemos trabajar para que la página del deporte recreativo y saludable continúe creciendo”, sostiene Walter Galiano, Director de Deportes de la Universidad local.
Haciendo una división de la práctica deportiva en la U.N.R.C, podemos hablar de federado y no federado. En el federado se ubican las disciplinas que, nucleadas en federaciones locales, provinciales y nacionales, participan competitivamente representando a la Universidad. Actualmente son ocho las disciplinas deportivas que participan en diferentes competencias.
Por su parte, en la rama de los deportes no federados aparecen las actividades destinadas  a personas de la comunidad universitaria y de la comunidad en general que encuentran en la U.N.R.C el espacio necesario para realizar la práctica deportiva. En este mismo espectro aparecen los torneos internos que desde hace más de 20 años se vienen realizando ininterrumpidamente. Los eventos de mayor jerarquía organizados por la Dirección de Deporte son los Juegos Deportivos para Ingresantes y los Juegos Deportivos Interfacultades.
También es importante destacar las Ligas Universitarias en las que participan estudiantes de la Universidad pero también deportistas libres que no tienen vínculo alguno con la casa de estudios y el acceso que tiene una gran cantidad personas al gimnasio de musculación de la universidad. Como así también los programas Universidad Saludable y Olimpiadas Especiales que tienen como objetivo esencial utilizar al deporte como un factor indispensable para la salud y la integración.

Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista Contragolpe de marzo de 2012.